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SOY UNA PALABRA

 Rescato una historia en la que no muere nadie.

Solo yo, un poco cada vez.


Escribo y la realidad lucha contra este muro blanco: me pide que le preste atención, pero yo solo pienso en las palabras. Ellas me hablan, me acarician, me acompañan, me maltratan.

Me atan.

Me seducen.

Me empujan a seguir escribiendo.

Escribo... y soy una palabra. Una palabra sin fin, desmedida. 

Escribo sola ante la pantalla y un teclado prematuramente envejecido.


Moon Naciente




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UN SUEÑO DE LUNA

  Hace catorce años inicié un proyecto cultural que durante mucho tiempo fue mi obsesión: una revista digital cuyo objetivo  era  abarcar todas las disciplinas culturales. Así nació MoonMagazine, La Revista Lúdico-Cultural de los Lunáticos . Hoy sigo empujando mi sueño cuesta arriba. Soy como Sísifo pero con luna. Papilla estelar, Remedios Varo Esta luna marcó mi nacimiento y a veces se transfigura en versos. HAIKU Dame una luna que me deje sin habla pero con verso. También ha sido testigo de momentos críticos del pasado. TRANSICIÓN Siento urgencia por romper el maleficio que me ata a lo que quedó atrás. Años y  años desperdiciados que deshojo sin desearlo, margaritas de pétalos como  alfileres. Cada una de ellas tiñe de rojo furioso el cielo donde, por momentos, palpita mi  luna de plata malherida . Pero ante todo, valor. Y resiliencia. VALIENTE Nada asusta al corazón. Osado, cualquier gesta acomete, no sin antes vestirse de plateada cota de malla. Porque ...

HAIKUS (I)

 En Los crímenes del café con leche, cuatro Haikus: naturaleza   y luna, de la mano. HAIKU  Nº1 Con fotografía de José Portela Campos un Haiku dedicado a la esperanza, que en ocasiones se siente "atada". Cerrada en verdes, la esperanza cautiva el aire añora. HAIKU Nº2 Moon Blanca corona   asomas solitaria, jardín urbano. HAIKU Nº 3 Con fotografía de Cosimo Antitomaso . Sueño profundo del pueblo entre montañas. Alba de luna. HAIKU Nº4 Foto de Sora Sagano en Unsplash Sol que se esconde, noche de luna llena, fin de la historia. Moon Naciente

Micro del café

La odio. Entra todas las tardes acompañada de su hija, una mujer de unos cincuenta años a la que se dirige de forma brusca y con manifiesto desprecio. A mí tampoco me trata bien, de hecho, siempre se acomoda en la barra y empieza su juego de poder, mirándome fijamente, provocándome para ponerme nerviosa y someterme. Oye, sácanos dos cafés con leche. El mío en vaso. ¡Calientas la leche demasiado, está hirviendo! Pásamelo a una taza grande. ¡Pero bueno, si este café está helado, es que no tienes ni idea! Tú me vas a enseñar a mí, que he sido  camarera del  California treinta y cinco años! ¿Va a tomar usted algo más? Que te he dicho que este café está frío, ¿es que no escuchas? No le hable así, la señorita solo desea ser amable con usted.  La odio. Odio su manera de sorber el café, su forma de llevarse el croissant empapado a la boca, las manchas que exhibe en su vestido, una bata abotonada de arriba abajo, siempre la misma, como si no tuviera otra. No la aguanto. He entrado...